domingo 22 de marzo de 2009

Asamblea de Probocapios

Hace muchas metamorfosis existió algo llamado “Congreso Internacional de Organismos apócrifos”. Asistí en calidad de invitado de honor del gran tótem, me recibieron con saludos, aplausos y uno que otro bocadillo de galletas y sal que engullía entre cada platica. Ese año debido a los acontecimientos genéticos que se venían dando, la reunión fue precedida por la Honorable Asamblea de Probocapios –secuencia de palabras que poseen la virtud de no tener significado- entre los asistentes se encontraban representantes de todos los movimientos filosóficos, virales y artísticos: Eclesiastos, Jolopilantes, Omistruotecas, Pobocartos, Parcifasos y por supuesto los orgullosos anfitriones Probocapios –cada uno vestido pulcramente de radiaciones ionizantes- al entrar en funciones la Honorable Asamblea de Probocapios tomó como primera medida preparar un congreso internacional para la restitución celular de los beneméritos e ilustres Organismos Apócrifos. El motivo era sencillo, hace unos días la asamblea recibió de forma anónima un paquete de carga genética que contenía información indescifrable y una nota con la frase: “clave para la integración celular”. Fue entonces cuando se les ocurrió organizar el congreso para resolver el misterio contenido en el famoso paquete, que por alguna razón y para extrañeza de los mas destacados estadistas linfáticos, hizo que en menos de una semana se triplicara la población de nuestra humilde metrópoli.

En la entrada cada orador se registró ante los delegados para exponer su dogma ante la H. Asamblea en debate justo con los demás miembros. Solo a las especies más evolucionadas se les permitía subir al Promosporio a exponer sus alegatos ante la junta, cada miembro reptaba hacia este domo atraídos por la nueva experiencia de debate neoburocrático. A cada orador se le pidió que mirara el paquete de carga genética y descifrara el misterio que en él había escrito, haciendo evidente apoteosis a la esfinge de Tebas.

Pasaron horas de incesante discusión en el Promosporio, guiados por un común instinto predador. Al final hubo varias conclusiones, unos decían que el misterio era la esencia del universo: el inodoro metafísico que guarda los desechos orgánicos (nosotros), los cuales van en función de las respectivas diferenciales para el alimento adquirido, los líquidos que albergan y el tiempo de evacuación para Inodoro (a lo que se llamara factor epsilon XXX), así bien, la función expresa la teoría unificada de las interacciones físicas que demuestra la inexistencia de Dios, el origen de todas las cosas y la receta secreta del coronel de Kentucky Fried Chicken. Los más sobresalientes exponentes de esta teoría eran los doctrinarios Probocapios, se rumoraba que ellos patentaron la ecuación base para el error humano como símbolo de la asamblea. En cambio los Eclesiastos afirmaban que el misterio era una antigua oración asirio-babilónica que iba más o menos así:

Creo en la esencia todopoderosa,
nunca objetiva, altanera y escurridiza;
y en la metafísica del ser en cuanto es,
que fue concebida por obra del conocimiento empírico
y nació del razonamiento a priori,
padeció sofismas y alcanzó conciencia en la inconsciencia,
accedió a la existencia y se opuso a la dialéctica,
adquirió el carácter de absoluto y por tanto subjetivo
y desde allí es abstraído a través de los sentidos.

Creo en la realidad subjetiva;
y en todos aquellos que existen en un espacio y tiempo,
que se encuentran en mi mente
conceptualizándose y abstrayéndose
y modifican mi percepción de lo real.

Per Se.

Así pasaron de hipótesis tan escandalosas como la existencia del capitulo diecinueve del Ulises, la respuesta a ecuaciones indescifrables escribiendo el numero cinco al revés y la revelación del lugar donde Set escondió el orgullo de Osiris. Nadie supo en que momento tantos organismos apócrifos se empezaron a preocupar por su restitución celular, muchos decían que fue por la tentación sádica de entregarse a los tormentos de afirmar principios categóricamente contradictorios; lo cierto es que el congreso atrajo a una innumerable cantidad de asociaciones que se encargaron de dar un generoso donativo a la causa.

Los congresos siempre me parecieron extrañas secuencias de discusión y ansiedad por tener la ultima palabra, en ellos asisten parásitos escurridizos en busca de anfitrión para ganar a costa de otro el derecho de existir, sin embargo me vi obligado a asistir en esa ocasión por innegables instintos naturales. Después que todos los participantes expusieron sus teorías, los delegados ordenaron silencio para dictar el veredicto. Quien resultara ganador tendría el honor de ser el primero en realizar la integración celular, fue un doctrinario Probocapio a quien se le otorgo la victoria –para regocijo de los organizadores- era de esperarse el descontento, silbidos y gritos de: ¡estaba arreglado! Hasta que el caos se apodero de la sala, en pocos minutos la asamblea departía entre empujones de organismos inconformes, inyecciones de ponzoña e insultantes metamorfosis de partículas recorriendo las más exóticas posibilidades. Por mi parte me dedique a observar como publico y conferencistas saciaban sus impulsos existenciales, destilando de vez en cuando residuos de esporas o absorbiéndose entre sí con seudópodos; los asambleístas fueron los primeros en ser devorados –al igual que el ganador de la noche- El congreso terminó convertido en un manjar de viscosos despojos. Los pocos sobrevivientes no tardamos en descifrar la verdadera clave del misterio, sin embargo ya era muy tarde para asimilar la información. Nunca logramos la integración celular.

A las pocas semanas fuimos deshonrosamente extirpados como un tumor más. Nuestro anfitrión logró sobrevivir a tan indecente operación -eso no me alegró mucho- de haber sabido así que terminarían mis días hubiera hecho las cosas de otra forma, no se, mutar a cáncer hubiera sido un buen comienzo…

martes 10 de febrero de 2009

REVOLUCION NUMBER 9

I
Sonido en falso de sensaciones aleatorias, eres lo que me obligo a despertar esta mañana; el segundo paso hacia la nada, el primero fue el día en que perdí mi voz y aprendí de las formas e imágenes que me rodean. Ahora no solo comprendo la luz, si no que escucho pensamientos acústicos luchando por emerger de mi garganta, pero que al final se disuelven de un aliento plástico que deriva a lo inexacto. Aun no he logrado comprender la música y sin embargo entiendo lo que esta escrito en ella, como las vibraciones reciclables que emite la radio a través de la zona mas oscura de mi cabeza, el impossible. Me duele el cuerpo y de una forma mas lamentable los pensamientos; un imagen ácida converge en forma de rehilete colisionando a mí alrededor, es la ausencia de un instinto vital o la presencia de algo que no comprendo, una melodía sintética que gira, taladra y extirpa mi emociones.
-number nine, number nine, number nine....

No podía verlo pero sabía que estaba detrás de mí, clavándome agujas en la espalda; no sentí nada, solo vi el agua correr por el lavabo, siguiendo una trayectoria elíptica, no fuera ni abajo, si no a la derecha, siempre con la misma promesa, del mar a nube, de nube a lluvia, de lluvia al manantial, al río, al mar, a mi lavabo, y vuelvo al punto de partida, para acordarme que existe, como golpe de conciencia, como déjà vu –los rehiletes ya no giran, saltan en mi cabeza- solo recuerdo un espíritu poblado de náuseas y alimentado de voluntad; por eso rechazo ese yo-sublime, el sinsentido de emociones que persigo por la noche como espina de agua en el lavabo, a la derecha, al océano, a mi cabeza, -¿ya no ésta?- camino en la oscuridad buscándolo; algo me detuvo (debe ser él), una mano se estiro hacia mí. Cerré los ojos, una gota de sudor resbala por mi frente, es la mano del hombre muerto.

Abro los ojos –estoy frente al espejo- no quiero moverme; mi instinto de supervivencia me retiene allí, como camaleón mimetizado en terciopelo, solo espero ¿una presa? ¿un amigo? Él esta detrás de la puerta, callado, inmóvil, mercurio se derrama en sus pupilas y su piel putrefacta. Pronto se irá –espero- me quedare un momento mas.


II
La noche termina como un sueño que se diluye en toda dirección y la luna se esconde en la inmensidad de su luz –me gustaría ir allí donde te encuentras- a pesar de la gran distancia que me separa de ella y de la masa gaseosa entrechocando continuamente, puedo sentir proyecciones de luz y sombra golpeándome el rostro con su actividad atómica. Sólo puedes ser tú.

Intento evocar tu nombre, no puedo, sólo repite –number nine- subo las escaleras, él se quedó abajo esperándome, rápido se impacientara y vendrá detrás de mí, es un niño jugando a mutilar humanidades, la bestia que conduce en el asiento trasero mi maquina de pensar. Cerré la puerta, no quiero que nos vean tomando café juntos (si no le gusta podría invitarle vino, carne o mielazul) después me contará historias tristes y lloraremos juntos, luego reiremos al emular emociones con una estremecedora naturalidad y cada uno seguirá su camino, tal vez no.

Acaba de abrir la puerta ¿o será el viento? Siempre he sido buena prescindir de relativos. Aparto la mirada. Dentro de poco estaré en el trabajo, libre de él pero encerrada –escucho un golpe- el hombre muerto debió tropezar con algo, o simplemente mi gato se levantó ¿habrá visto al hombre muerto? Podría mirar un poco, pero no lo haré, probablemente se disguste conmigo y no quiera tomar café.

Mi gato subió a mi cama o mis sabanas asemejan su figura. Si estuvieras aquí me salvarías del hombre muerto. Intento evocar tu nombre, el hombre muerto ha vuelto a caerse, no quiere que te recuerde, ahora está entonando una canción de Frank Sinatra:

Day in - day out
That same old voodoo follows me about
That same old pounding in my heart, whenever I think of you
And baby I think of you
Day in and day out

Quiero comer algo pero no puedo, se ha metido al refrigerador y sujeta una manzana con sus dedos muertos.

Hoy comeré afuera.


III
¡Despierta! No veo pero escucho, aquí viene el frío otra vez. En el camión todo es distinto, ya no puede hablarme, sombras bañadas de luz lo cubren. Nos quedamos en silencio. No lo miro, él me ignora. Deben ser mis ojeras en el subconsciente lo que le molesta, y por desgracia eligió ser el parasito de alguien lamentablemente diferente, esa es la forma mas lenta de suicidio que existe. Ahora solo le queda experimentar mis venenos uno a uno, y lo menos que puede hacer un educado anfitrión es cumplir con su palabra.

Nubes empolvadas de acrílico oxidado bajan por el sendero; miro a mi alrededor, sólo encuentro seres azules y conciencias vacías unidos a mí como una eterna cadena suburbana que viaja envuelto en esperanzas sencillas. Un hombre a mi lado lee el periódico... caos se apodera de la capital iraquí... profesor que clonó a “Dolly”, posa junto al cuerpo preservado de la oveja... cierro los ojos intentando recordar, otra vez lo escucho –number nine- una fuerte sacudida me despierta, un tope. Todo cambia ahora, miro por la ventanilla: edificios derruidos han cobrado la apariencia que tenían hace 50 años, antes que un destello temporal convirtiera la ciudad en un espacio de arena líquida que se vierte a través de vestigios informes.

El aire corrosivo entra a mis pulmones.


IV
Sensación de emetismo viene a mí todas las mañanas cuando llego al trabajo, supongo que así debe ser siempre; en el camino puedo ver como el aire lleva consigo la última partícula de ocre polvareda que horas antes cubrían con singular pesimismo cada pequeño y oscuro rincón.

A lo lejos percibo débilmente el canto del hombre muerto, siento como si la misma canción se hubiese escuchado en los últimos 100 años por el pasillo del trabajo, después que un suicida antisemita acabara su impasible vida con un cuchillo en este sitio. Todo se detiene por unos minutos hasta que la última nota deja de escucharse.

Está cerca, pero ahora estoy conciente, perseguida por una simulación absurda de la realidad –grita- el golpe que me di contra una mesa al entrar debió despertarme; ya no siento dolor. Sigue llamando –number nine- los pensamientos son mas claros, como tú. Vanimelir, ese no es mi nombre pero es como si lo fuera, estoy unida a él y a esta inverosímil fantasía; escucho tu voz cada vez más frecuente en la cabeza, dulce, casi lúdica. No puedo responderte, la constante presencia del hombre muerto provoca un estado de automatismo.

Mi cuerpo se divide en estados de conciencia diferentes.


V
Amanece, dentro de unos minutos él no estará aquí –solo su recuerdo- mi conciencia se aclara; escucho el revoloteo de aves coléricas en la ventana, saben que el final se acerca y quiero adelantarlo.

Voy a prender la luz, mira suplicante, transforma la fantasía en realidad plástica, tiene vocación por lo trágico, es simplemente encantador, una sonrisa del hombre muerto puede convencer al más reticente; el pensamiento se interrumpe, mi cabeza, un amasijo de átomos que se inflaman al contacto con el aire, se consume rápidamente -recuerdo- por casualidad conseguí liberar especies enfermizas de mi conciencia, un espectro de luz, otro de sombra, una concentración de ruido, un doble bang de existencia; Vanimelir y el Hombre Muerto, una maquina de pensar y la brutal inconciencia trabajando al mismo tiempo para mì, escucho varias conversaciones al mismo tiempo, es difícil pensar en algún sonido determinado –number nine, number nine, number nine... turn me on dead, turn me on dead, turn me on dead.....

Proyección de conciencia se presenta ante mis ojos en cinemascope, lánguidamente mi sonrisa comienza a dibujar una expresión de vanalitud, la necesidad del hombre muerto puede terminar por oscurecerme, ser la victima nunca fue la opción; arrojando su voluntad en dados, lo someto a innobles castigos con una vaga esperanza criminal; permanecí todo este tiempo esperando que mis sentidos se congelen, ahora reflejo en sus ojos pecados rejuvenecidos satisfaciendo mis deseos primigenios de fuga; así como el agua desea ser escupida para dejarse evaporarse en el impossible, yo así vivo protegida bajo una conciencia serpentaria y creo que después de todo eso es lo normal en mí o al menos es el resultado de robar los instintos de una compleja metamorfosis humana. No quiero verlo sufrir mas –lo haré rápido- presiono el interruptor. silencio.

Ya no percibo imágenes sólo impresiones.


VI
Todo está tranquilo. Ahora se encuentra en la biblioteca, enterrado en piedras de luna a la sombra de un sauce, esperando ser resucitado al caer la noche. Nunca había estado tan vivo como ahora que esta muerto.

Lagrima de nube tapizan el cielo con incontables residuos de confeti; desciende hasta el pasto un olor a flor de cementerio, lo percibo a través de la ventana; su nariz blanqui-verdosa se confunde en una selva acuática habitada por organismos concha-cristal, ora diatomeas. Ergo su cuerpo, una gota reptante de gelatina que viaja en tierra húmeda de ameba, ya no existe, se desvaneció en la luz; entonces el despiertasol se derrite mientras exhala sus ultimas sintonías de interferencia de la radio y por fin llega a mí el sonido de tu voz. Las cuatro paredes me atrapan con sus seudópodos, soy casi tan pequeña y rosada como una blefarisma digerida lentamente hasta que sus costados se dilatan; y no dejas de reír pensando en tu sonrosada víctima. Completo así una larga cadena de vidas como un eslabón mas, luego samsara. Y vuelvo a despertar agitándome en el agua como flagelo que repta en gelatina, esperando que mis venenos se arrojen fuera de mí como una persona se arroja de un edificio en llamas esperando salvar su vida, gestando pecados me levantaré de la tumba que habita mi cabeza solo para olerte gloriosa hecha incienso. Y así me quedare viviendo entre cuevas y pantanos protegida de la luz solar, jugando a estar viva cuando en realidad estoy muerta, envoltura etérea empapada con residuos de mentiras, viendo a través de tus ojos verdosos mi hora de tranquilidad como ameba sonrosada devorada por su inmortal ego superior.

Y cuando al fin descubro que la vida tiene un significado (creyendo que lo podía adivinar) me di cuenta de que era tu voz la que escuchaba mientras dormía. Y creo que te pareció muy divertido, porque no dejabas de reírte desde el otro extremo de la almohada; y vuelves a distorsionar mí pensamiento con besos que caen al agua, jugando a atrapar mi sombra como seudópodo me retienes blefarisma. Después de todo no creo que sea tan malo imaginarte como una persistencia líquida en mi memoria que se moldea en tus manos cuando te sumerges.